It’s about oxytocin

Paul J. Zak es un neuroeconomista norteamericano que investiga las relaciones entre cerebro y economía. En concreto, le interesa saber qué mecanismos fisioneuronales determinan o intervienen en la actividad económica humana y social. En 2012 publicó un sorprendente ensayo titulado The Moral Molecule: The Source of Love and Prosperity, cuyas ideas sirven de punto de partida para el libro que ahora comentamos: Trust Factor. The Science of Creating High-Perfomance Companies.

Zak defiende que lo que nos distingue a los humanos de los animales es que somos los únicos que desarrollamos sentimientos morales. Los hombres vivimos obsesionados con la moral, con independencia de que tengamos o no fe en Dios. Partiendo de este axioma (cuya veracidad acepta sin necesidad de demostración) se pregunta como científico si esta “obsesión” tiene un fundamento biológico. Más en concreto le interesa descubrir si existe una química de la moralidad. Sus investigaciones, cuyos resultados aparecen diseminados a lo largo del libro que reseñamos, le llevan a concluir que sí, y que todo tiene que ver con la oxitocina, una hormona que se libera ante estímulos placenteros como, por ejemplo, dar abrazos, acariciar, o realizar acciones que nos hacen sentir bien. La liberación de la oxitocina en nuestra sangre hace que ganemos en confianza y que nos manifestemos más abiertos y amigables.

La conclusión que obtiene Zak es que la oxitocina es la sustancia que nos mueve a ser buenas personas, y no tanto unas ideas o creencias concretas. Es más, tal y como ha afirmado en otras ocasiones, el acto de rezar con confianza a Dios provoca la liberación de oxitocina en las personas de fe, lo cual les mueve a sentir placer en la oración y a realizar acciones audaces de generosidad y de entrega a los demás. Para este autor, somos seres morales porque segregamos oxitocina. Y, por el mismo motivo, somos inmorales porque carecemos de ella. La oxitocina es la sustancia que nos hace ser, simplemente, humanos.

Si se aplican estas conclusiones al campo de la empresa y de la economía nos encontramos con las tesis que Zak defiende en este libro: una empresa se predispone al éxito cuando todos los empleados gozan de buenos niveles de oxitocina. Por tanto, interesa mucho a los directivos el fomentar aquellos buenos hábitos empresariales que estimulen dicha hormona entre sus empleados, pues así estos tendrán más confianza, más empatía y más espíritu de cooperación, el negocio será más rentable y aumentarán los beneficios.

Zak, que sostiene “científicamente” todas estas aseveraciones, concluye que en aquellas empresas en las que se da un alto nivel de confianza, comparadas con las que tienen una confianza baja, sus empleados gozan de un 50% más de productividad, tienen un 106% más de energía, están un 76% más comprometidos y son más sociables con otros empleados en un 66%. Además, sufren de menos estrés en un 74% y trabajan con más alegría en un 36%. Estos resultados sumados a los conocimientos de los procesos hormonales derivados de la liberación de oxitocina muestran que fomentar la confianza puede resultar verdaderamente rentable, tanto para las personas que lideran equipos, como para los miembros de los equipos y para las empresas en términos de productividad y eficacia.

Todas estas mamarrachadas las he tenido que leer para preparar una reseña que me han pedido… Madre mía: dedicar toda una vida profesional e invertir tantas energías y dinero en investigaciones tan, tan, tan… ¿Qué podría decir? Mejor ya se lo dicen sus colegas neurocientíficos.

Hay gente para todo.

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