Stolperstein

Significa algo así como “piedra puesta en el camino que puede hacer tropezar al caminante”, y como no tenemos en castellano ningún término para condensar este larguísimo concepto utilizamos el original alemán —stolperstein— que, además, es profundamente onomatopéyico y con solo pronunciarlo ya te golpea y te para en seco. Esa es su función, precisamente: un punto para detenerse y recordar a quienes murieron en los campos de exterminio nazis. Aparecieron a comienzos de los noventa, de la mano del artista alemán Gunter Demnig, como recuerdo y homenaje a los cerca de mil gitanos de Colonia asesinados por los nazis. Una plaquita de latón, junto a la puerta de las casas desde las que salieron al matadero, recuerda sus nombres y las fechas de nacimiento y de muerte. Al poco tiempo, lógicamente, comenzaron también a colocarse stolpersteine en honor a las víctimas judías.

Roma, por desgracia, cuenta también con una larga retahíla de estas tristes “piedras”. Como vivo junto al ghetto judío me tropiezo yo mismo con varias de ellas en mis recorridos romanos. Y si lo cuento hoy es porque ayer descubrí, a pie de un portal en Via dei Portico di Ottavia diecisiete plaquitas reunidas, doce de ellas pertenecientes a una sola familia: los Sabatello. El mayor de sus miembros, Giovanni, tenía 55 años y la menor, Liana, no llegaba al año de edad. Por los datos que uno puede leer (nombre, fechas de nacimiento y de muerte y lugar de ejecución) y por la disposición de los stolpersteine deduzco que se trataba de un matrimonio formado por Abramo Sabatello y Celeste Tagliacozzo, ambos de 51 años de edad. A la izquierda de Abramo está Giovanni Sabatello, que debía ser su hermano. Debajo aparecen los ocho nombres de los, imagino, hijos de Abramo y Celeste: Graziella (27 años), Italia (25), Emma (24), Erica (22), Leticia (20), y Leone (16), el único varón. Junto a ellos, pero en una fila inmediatamente inferior aparecen tres nombres más: Enrica Tagliacozzo (21 años) y Celeste Alba Sabatello (3 años) y la bebé Liana Ornella Sabatello. Supongo que la primera sería hermana de la cabeza de familia y, las chiquitinas, sus nietas. Todos murieron el 23 de octubre de 1943, en Auschwitz, una semana después de la deportación forzosa de 1.023 judíos romanos. Bueno, no todos porque entre los únicos dieciséis sobrevivientes se encontraba Leone. Escalofriante.

La semana pasada fue noticia la apertura a los investigadores de los archivos del pontificado de Pío XII y ésta ha vuelto a sacar a la luz el debate de la supuesta complicidad de este papa con el régimen nazi. Ahora se podrán clarificar posturas y juzgar a la luz de los documentos el verdadero rostro del pontífice, tan vilipendiado. De todas las stolpersteine que nos encontramos en este caminar que es vivir, ninguna otra como la verdad, esa que nos hace libres, también de nuestros prejuicios. Claro que hay que tener la humildad de querer tropezar con ella.

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