Liderazgo

Tras un mes sin mentar la bicha, esta semana la revista 7 del Corriere vuelve a sacar en portada uno de sus temas favoritos: el (no) miedo. Ya no se trata de un temor a algo concreto, contante y sonante. Ahora los editores suben las apuestas y nos presentan a alguien que, simplemente, no tiene miedo. Punto pelota. Si fuera de Bilbao no necesitaría más explicaciones pero resulta que es de Moscú. Y que se llama Olga y que tiene 18 años y que, aquí es donde empezamos a ver la luz, es una activista contra Putin y su gobierno.

En una ocasión estudiaron el cerebro del alpinista Alex Honnold, famoso por haber conseguido escalar la pared del Gran Capitán sin ninguna protección, o sea, en la modalidad solo integral. Fue realizado por la Universidad de Carolina del Sur y las pruebas a las que le sometieron confirmaron lo que todos sospechaban: Honnold carece ese instinto universal de protección que nos pone en alerta ante las situaciones de peligro. Él nunca se bloquea ni se pone mínimamente nervioso, por lo que mantiene siempre los nervios de acero en los momentos más arriesgados de sus escaladas. Aquí se ofrecen más detalles.

A mí me parece que Honnold es un temerario, pero reconozco que en lo suyo hay algo noble que despierta mi admiración. En cambio, ante lo de Olga percibo un algo postizo y exagerado: una adolescente rusa —para mí desconocida hasta ahora— idolatrada por el stablishment burgués acomodado de occidente porque una vez se sentó frente a la policía en una manifestación antiPutin, se sacó una foto y las redes la catapultaron al gretismo, la neoreligión occidental. Ya digo: se viene cierto tufillo raro detrás de esta promoción artificial de niños activistas, nietos del sorismo.

No sé. Me aburren estos jóvenes convertidos en referentes morales de ideas de pastaflora. Son el paradigma de un liderazgo convencional y previsible, de un liderazgo teledirigido. Me entusiasman, en cambio, el liderazgo oculto pero transformador de esos otros jóvenes que llevan una vida normal preocupándose de los más cercanos, cumpliendo sus deberes y preparándose para ser útiles a la sociedad aportando su creatividad. Esos jóvenes que viven sin miedo a ir contra la corriente de las modas, de lo políticamente correcto y de los referentes vacíos. Ese no miedo que tanto miedo provoca y que por eso nunca saldrá en una portada de ningún semanario de ningún diario de masas.

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