Fatalidad

Romano Prodi fue un primer ministro italiano de carrera tan brillante como fugaz, algo que viene siendo habitual en la política de este país (lo de la fugacidad). En 1996 ganó las elecciones siendo líder de una nueva coalición de centro izquierda, heredera del sector socialdemócrata de la Democracia Cristiana, que se llamaba El Olivo. Esta victoria se debió en gran medida a la inteligente gestión de la campaña electoral, dirigida por Roberto Grandi, profesor especialista en comunicación de la Universidad Bolonia.

El Gobierno de Prodi, en inestable minoría, duró solo dos años. Fue reemplazado por Massimo D’Alema y dio el salto a la política europea para presidir la Comisión Europea desde 1999 hasta 2004. Por su parte, Grandi volvió a las aulas. A partir de aquí, cual continuó su camino.

El pasado fin de semana el destino volvió a unirlos, pero esta vez de un modo trágico, irremediable y permanente. En una de esas fatalidades del destino, un bisnieto del ex primer ministro italiano, de solo 19 años, fue atropellado mortalmente por Grandi, en un accidente tonto de circulación, una especie de accidente colateral del coronavirus: al cerrarse los liceos de Bolonia por la alerta sanitaria, el joven estaba aprovechando la ocasión para salir en bicicleta.

El ragazzo se llamaba Matteo. Dios lo tenga en su gloria. La vida a veces te la juega bien jugada.

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