Joyeros

Creo que mi madre nunca tuvo un joyero al uso, o sea, una de esas pequeñas cajas de seguridad o secreter para almacenar objetos de valor. Sí utilizaba, en cambio, uno de los cajones de la cómoda del dormitorio para guardar unas pocas y sencillas joyas familiares, documentos importantes, cartas y otros objetos personales… Siempre estaba cerrado con llave y como envuelto en una áurea de misterio sagrado. Y aunque todos en casa sabíamos dónde estaba la llave, abrirlo sin permiso era cosa impensable.

Por aquel entonces pensaba que tener un cajón así era cosa de mujeres. Luego, desde que me fui a la universidad, yo mismo me he ido haciendo uno de manera espontánea. Y por lo he ido comprobando, todos, de una forma u otra, tendemos a hacer nuestro particular “joyero” de cartas, fotos, pequeños objetos, cachivaches varios… Objetos que casi siempre tienen más valor sentimental que material y que son como extensiones visibles de nuestro corazón porque hablan de lo que llevamos dentro.

Podría decirse que todos necesitamos de este tipo de espacios. En las habitaciones del colegio mayor donde trabajaba antes de venir a Roma había un cajón con candado para guardar dinero, carteras, portátiles, móviles… Cosas de valor, en definitiva. Sin embargo, en bastantes casos los estudiantes los utilizaban como “caja fuerte” de su intimidad y sus sentimientos. Muchos me han contado cómo ahí dejaban a buen recaudo cartas de amor, pinitos literarios inconfesables, diarios personales ruborizantes, inquietudes espirituales inabarcables. También sucedía que alguno guardaba, por el contrario, miserias y vicios, podredumbre y tristeza, que para qué describir. Vacío. El caso es que cada cual volcaba en esos cajones lo que llevaba en el corazón.

Todo esto sale al paso de unas palabras que afirman que, en el arte de querer, todo se reduce a procurarse un corazón joyero o un corazón basurero. Suenan de entrada bastante cursis pero están cargadas de verdad. Apostar por uno u otro tiene mucho que ver con la felicidad que nos jugamos con el tipo de “cosas” a las que abrimos o cerramos el candado de nuestro cajón.

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