The One Pope

Lo primero que diría es que ésta no es una película de Lux Vide, la productora italiana especializada en cine religioso, sino de Netflix. O sea, que nadie se espere dos horas de hagiografías dulzonas. Lo segundo, que es una película desigual. Resulta evidente que Fernando Meirelles, el director de The Two Popes, ha buscado expresamente que el papa Francisco brille muy por encima del papa Benedicto, reducido al rol de secundario antagonista. Quizá hubiera sido más sincero titular su cinta “The One Pope”.

Más cosas. Se trata de una historia muy bien narrada y magníficamente rodada. Y no es poco mérito ya que cintas de este estilo fácilmente caen en el tostón infumable, pero para eso están guionistas como Anthony McCarten, que hila un relato trepidante a base de puro diálogo. Y también, por supuesto, dos actores de primer nivel que caracterizan fabulosamente a los papas, en especial Jonathan Pryce-Bergoglio.

El punto más controvertido tiene que ver con la confusión narrativa que surge de la mezcla de ficción, representaciones verídicas e imágenes de archivo. Como no se distinguen con claridad unas de otras, el pacto de lectura salta por los aires. Aquí hay un poco de trampa. Veamos. La película está inspirada en hechos reales pero un espectador poco puesto en la actualidad vaticana no tiene modo de distinguir si lo que está viendo es realidad, una representación verosímil o una pura invención. Fácilmente se creerá que Benedicto XVI es ese anciano rígido y cascarrabias que se nos muestra, desconectado de la realidad y —manda huevos— arrepentido de encubrir los abusos del Padre Marciel. ¡Si fue precisamente él quien los combatió! Este último punto es, sempre secondo me, el más cabreante, porque técnicamente se trata de una calumnia.

Es comprensible que muchos, llegados a este punto, se paren y rechacen de plano la película. Pero una vez salvado este escollo el director cambia de mirada y asistimos a la transformación de Benedicto XVI hacia un anciano humilde y comprensivo. Esto no deja de ser otra falacia —siempre fue humilde y comprensivo— pero la cuestión es que acabas con buen sabor de boca. Más allá de las caricaturas, el mensaje que se ofrece es el de la existencia de una gran sintonía entre los dos papas, que va in crescendo al final de la cinta. Aun partiendo de experiencias vitales muy diferentes y poseyendo personalidades antagónicas, a ambos les une el deseo de cumplir siempre la voluntad de Dios y, muy por encima del poder, el deseo de servir a la Iglesia y a los hombres de su tiempo. Esta idea me parece sumamente positiva y poderosa.

PS. He comenzado diciendo que The Two Popes va, sobre todo, del papa Francisco y he acabado escribiendo principalmente del papa Benedicto. Quizá no esté tan mal escogido el título…

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