Leve

Cada vez que leo la expresión “que la tierra te sea leve” referida a un fallecido me quedo perplejo. Primero, ¿qué se quiere decir exactamente con eso? Y segundo, ¿de dónde viene esta expresión, tan cargada de vacío y tristeza? Una búsqueda rápida en Google me lleva al original latino “Sit tibi terra levis”, que aparece como epitafio en algunas lápidas funerarias antiguas. Según Wikipedia, “evoca de forma muy poética la angustia que produce el pensar en el peso de la tierra sepulcral oprimiendo el cuerpo que yace bajo ella”. Una angustia lógica que nace de la increencia en una vida futura, muy extendida en la religiosidad romana.

Hoy vuelve a emplearse por quienes se declaran ateos o agnósticos para desear algo bonito al muerto cuando se cree —que de una creencia se trata igualmente— que no hay nada más allá de esta vida. Es una alternativa un tanto cursi a expresiones cristianas como “Descanse en paz” o “Dios lo acoja en su gloria”, que imprimen esperanza, humanidad y, si te descuidas, optimismo, alegría. 

Por otro lado, la proliferación de otros modos de sepelio exige actualizarse hacia expresiones más exactas. Algunas propuestas surgidas a bote pronto: “que el horno te creme rapidito”, “que la urna de tus cenizas no se caiga de la repisa”, “que el embalsamador te conserve joven”… No son, desde luego, tan poéticas como la original, pero reflejan el absurdo que nos queda cuando creemos que, al final de esta vida, no queda nada.

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