Parches

El pulso noticioso en Roma ha estado copado en Navidades por una tragedia: el atropello mortal de dos muchachas adolescentes por otro joven que conducía a gran velocidad y con alguna copa de más. A simple vista el juicio parece blanco y en botella. Pero la desgracia tiene mucha tela que cortar.

Los hechos. Unas niñas vuelven a su casa pasada la medianoche. Una tromba de agua cae sobre Roma. Se aproximan al punto donde el padre de una ellas espera para llevarlas a casa. Ya solo les queda cruzar Corso di Francia, una de las arterias de la ciudad, con abundante tráfico que rueda a gran velocidad, pese a los límites establecidos.

El cansancio, la lluvia, el frío y la inconsciente impetuosidad juvenil las lleva a tomar una decisión fatal: lanzarse a la carrera para cruzar la vía sin usar el paso de cebra, situado a escasos metros. A la dificultad de tener que salvar tres carriles en cada sentido, se suma el obstáculo de sortear sucesivos guardarraíles. Para mayor calamidad, escogen un punto mal iluminado, en curva y sin percatarse que en ese momento los semáforos han cambiado de color. 

Dos coches aceleran uno junto al otro por la recta anterior a la curva donde las niñas inician su carrera, tomadas de la mano. El conductor más próximo a la acera se percata de la maniobra y frena bruscamente. Su vecino en cambio, que conduce un deportivo de asiento alto, nada ve y se las lleva por delante, matándolas al instante. 

Pasado el primer trauma, los funerales y los homenajes, la prensa local comienza a hacerse preguntas. Se habla de un peligroso juego entre adolescentes que consiste en cruzar una calle sin mirar, por el placer del riesgo que entraña. Se habla de que el conductor arrestado, un joven de 20 años e hijo de un famoso director de cine italiano, acababa de recuperar el carnet de conducir tras serle retirado por consumo repetido de drogas. Se habla, cómo no, de que conducía con un índice de alcohol en sangre excesivo. Se habla, en fin, de otras tantas conductas de riesgo que la juventud actual, especialmente los fines de semana, asumen pero sin que éstas causen un especial escándalo o, al menos, sirvan de preocupación a los comentaristas. Para mi sorpresa, el debate se centra en exigir que las autoridades pongan más radares y más controles en las carreteras. Como si lo importante fuera protegerse de ciertos comportamientos de riesgo en vez de tratar de cambiarlos.

O sea, parches.

Siempre es más fácil (más cómodo) poner un radar que educar a un hijo. Y mientras tanto en el Alto Adige

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s